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	<title>gori | Lo que la India me enseñó</title>
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		<title>La India te engancha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Aida Mateos]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Dec 2018 08:50:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[colombia]]></category>
		<category><![CDATA[despedida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando viajas a la India, y una vez que has superado el choque cultural y te has acostumbrado al ruido, yo solo he visto dos reacciones: o te encanta, o la detestas. No hay término medio. O eso pensaba yo, hasta que conocí a Daniela. Daniela y yo nos conocimos en Bangalore. Trabajábamos en el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando viajas a la India, y una vez que has superado el choque cultural y te has acostumbrado al ruido, yo solo he visto dos reacciones: o te encanta, o la detestas. No hay término medio. O eso pensaba yo, hasta que conocí a Daniela.</p>
<p>Daniela y yo nos conocimos en Bangalore. Trabajábamos en el mismo puesto, ella en el turno de mañana y yo en el de tarde, por lo que solíamos vernos unos minutos cada día y aprovechar para hablar, eso si mi taxi no llegaba tarde. Cuando me incorporé al puesto, ella ya llevaba un tiempo en la empresa, así que me contó los entresijos de nuestro trabajo y me dio infinidad de consejos para sobrevivir hasta que me adaptara.</p>
<p>Daniela llevaba aproximadamente un año en el país. El día que llegó, detestó la India: tuvo que dormir en una pequeña habitación horrible cuya única ventana daba a una cocina. Todos los olores se colaban en su cama. De ahí que no pudiera ver la comida india ni en pintura. Aun así, se quedó. E India se la fue ganando poco a poco. Cuando se le acabó el contrato, se las arregló para encontrar otro trabajo, en el que nos encontramos.</p>
<p>Ese contrato también terminó y Daniela se mudó a Hyderabad, a unas horas de Bangalore. Entre puesto y puesto visitó su Colombia natal y me trajo un recuerdo de su país. La aventura en Hyderabad no duró demasiado, y volvió a Bangalore.</p>
<p>Daniela llevaba más de cuatro años en India. Amaba el país, pero no le gustaba la comida. Me hacía gracia que lavara el pollo para quitarle el picante y así poder disfrutarlo. ¿Cómo puede alguien vivir tanto tiempo en un país en el que no te gusta su cocina? Bueno, también algunos vivimos en Inglaterra o Irlanda a pesar de su (falta de) gastronomía, así que creo que lo entiendo. La India te engancha; y enganchó a Daniela.</p>
<p>Daniela sufrió un accidente el sábado pasado en su casa de Bangalore y ha dejado la India un poquito huérfana de esta <em>gori</em> con tanta vida por delante. Daniela, esta es mi despedida. Aunque no hace falta que te lo diga, la India te echará de menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Créditos de las fotos (Colombia e India):<br />
<a href="https://www.freepik.com/free-photo/flag-of-colombia_1178810.htm">Designed by Www.slon.pics</a><br />
<a href="https://www.freepik.com/free-photo/flag-of-india_1179373.htm">Designed by Www.slon.pics</a></p>
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		<title>Poochie, un perrito nada fiel</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Aida Mateos]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Nov 2018 11:04:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Gokarna]]></category>
		<category><![CDATA[gori]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos meses, cuando aún estaba en la India, hice un viaje a Gokarna. Necesitaba unos días de vacaciones, y nada mejor para relajarse que un fin de semana en la playita. Un amigo, que también estaba libre, me acompañaría. La noche elegida fuimos hasta la estación, nos montamos en el autobús y dormimos en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos meses, cuando aún estaba en la India, hice un viaje a Gokarna. Necesitaba unos días de vacaciones, y nada mejor para relajarse que un fin de semana en la playita. Un amigo, que también estaba libre, me acompañaría.</p>
<p>La noche elegida fuimos hasta la estación, nos montamos en el autobús y dormimos en nuestras literas hasta las siete de la mañana, cuando llegamos a Gokarna. Allí, en cuanto puse un pie en tierra, un cachorro delgadísimo enseguida se acercó a mí. ¡Qué ricura! Pero se le notaban todas las costillitas al pobrecito… Mi amigo y yo compramos unas galletas y yo le daba de comer mientras él buscaba un <em>rickshaw</em> para ir hasta nuestro hotel.</p>
<p>—Ya tengo uno —me dijo.</p>
<p>Me acerqué a él y, mientras hablábamos, Poochie, pues así le había bautizado, desapareció.</p>
<p>—Dame un minuto —le dije mientras le dejaba mi mochila—. Voy a darle el resto de las galletas a Poochie y ahora vengo.</p>
<p>¿Dónde estaba? No lo veía. A lo lejos distinguí a otra turista, otra mujer blanca que estaba en la estación. Y allí estaba él: Poochie me había reemplazado por otra <em>gori</em>, otra blanca extranjera. Poochie era muy listo, y sabía que tenía más posibilidades de conseguir comida de nosotras que del resto de personas que estaban en la estación.</p>
<p>Dejé las galletas en una esquina, le llamé para que las viera y me alejé.</p>
<p>—Me ha roto el corazón —le dije a mi amigo. Me miró sin comprender muy bien por qué de repente traía esa cara de tristeza. Le conté lo que había pasado y se rio. Quizás no debería haber confiado en la lealtad de un perro callejero al que acababa de conocer.</p>
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